10 de la mañana, día espléndido, cielo azul intenso, sol brillante que me llena de energía y vitalidad, ¡comienza mi jornada laboral!
Esta semana me he incorporado de nuevo al trabajo, con algo de ambivalencia, lo confieso, y es que tras mi tiempo de dedicación exclusiva a mi familia, cuesta volver, y no es por falta de motivación ni de amor por mi trabajo, si no por que es tanta la energía y concentración que pongo en esta labor, que después de haber estado debatiéndome entre pañales, biberones, y demás quehaceres infantiles, la maquinaria que hace funcionar mi cerebro ha quedado algo oxidada de modo que tengo que “reprogramarlo” de nuevo en la función de mujer trabajadora e integrarla en el resto de las funciones que yo considero importantes – madre, pareja, hija, amiga,…- Integración ésta que no siempre resulta sencilla por otro lado.
Como pistoletazo de salida para mi reaparición en la esfera profesional, he tenido la gran oportunidad de asistir a un workshop sobre liderazgo femenino a cargo de Vered Neta, una de las figuras más destacadas a nivel internacional en temas de liderazgo.
Nada de complicadas explicaciones, ni Power Point, ni trajes encorsetados, al contrario, ropa cómoda, descalzas, sentadas en el suelo formando un círculo para descubrir, para vivir nuestras emociones, y reconectar con nuestra valiosa energía femenina, y sacarla a la luz. Simplemente genial.
Cooperación, apoyo, escucha, intuición, sabiduría, trabajo en equipo, reconocimiento, orientación a lo social, creatividad, servicio, armonía, estabilidad….son sólo una pequeña muestra de la forma en que se manifiesta la energía femenina en estado puro.
Me pregunto cómo sería nuestro mundo si esta preciada energía femenina tuviera cabida real en la esfera política, en la económica, en la empresa… Imagino un escenario en el que la energía masculina y la femenina estuvieran integradas plenamente, de manera natural, formando parte de un armónico y equilibrado baile, en donde la competición no estuviera reñida con la cooperación, donde además de hablar se escuchara de verdad, donde la lógica echase un guiño a la intuición, donde la razón besase a la emoción…Utopía?.. Posibilidad?...
lunes, 27 de abril de 2009
martes, 24 de febrero de 2009
Gracias June
Sí, lo sé, mucho tiempo sin publicar nada en el blog, pero esta ausencia no se debe a la desidia, dejadez o abandono. Creo tener una buena razón para ello, y es que he vuelto a ser madre por segunda vez, de June mi preciosa niñita.
Durante este tiempo he dejado a un lado, no muy lejos, la enorme pasión que siento por mi trabajo para dar mi amor, mi energía, y mis queridas y apreciadas horas de sueño a mi hermosa niña, y seguir achuchando, besando, acariciando... a Libe, mi hija, que de pronto he de llamar “mayor”.
Durante este tiempo no encontraba la manera de explicar lo más creativamente posible este tiempo de silencio, y ha sido precisamente contemplando a June como de pronto la inspiración ha hecho acto de presencia, gracias June!
June Tuvo prisa por llegar a este loco mundo, adelantó, quizá demasiado, su llegada así es que ahora está haciendo una enorme labor por vencer su fragilidad, y vulnerabilidad. Tras superar tres semanas de soledad y desamparo en la incubadora del hospital, persigue con firmeza y tenacidad lo que lo que para ella es vital: el alimento, el cariño, y el calor de sus padres. ¡Sólo eso!
Digo sólo eso, no por restar importancia a sus objetivos, que la tiene y mucha, sino por que esta mañana al contemplar su placidez, y cómo para ella no hay nada más que lo que sucede aquí y ahora, me ha hecho detenerme y reflexionar. Y es que es tal la velocidad a la que vivimos, y el sin fin de cosas por hacer, que olvidamos lo más importante, que es estar, ser, aquí y ahora, en este momento.
Así pues, a partir de ahora aparcaré por un tiempo, física y sobre todo mentalmente todos mis proyectos, mis tareas pendientes, mis “tengo que ir, tengo que hacer, tengo que….” y mis demás quehaceres, para vivir lo que ahora quiero y deseo vivir al 100% que es estar con mi corazón y con mi cabeza en esta bella etapa de crianza. De nuevo, gracias June!
Durante este tiempo he dejado a un lado, no muy lejos, la enorme pasión que siento por mi trabajo para dar mi amor, mi energía, y mis queridas y apreciadas horas de sueño a mi hermosa niña, y seguir achuchando, besando, acariciando... a Libe, mi hija, que de pronto he de llamar “mayor”.
Durante este tiempo no encontraba la manera de explicar lo más creativamente posible este tiempo de silencio, y ha sido precisamente contemplando a June como de pronto la inspiración ha hecho acto de presencia, gracias June!
June Tuvo prisa por llegar a este loco mundo, adelantó, quizá demasiado, su llegada así es que ahora está haciendo una enorme labor por vencer su fragilidad, y vulnerabilidad. Tras superar tres semanas de soledad y desamparo en la incubadora del hospital, persigue con firmeza y tenacidad lo que lo que para ella es vital: el alimento, el cariño, y el calor de sus padres. ¡Sólo eso!
Digo sólo eso, no por restar importancia a sus objetivos, que la tiene y mucha, sino por que esta mañana al contemplar su placidez, y cómo para ella no hay nada más que lo que sucede aquí y ahora, me ha hecho detenerme y reflexionar. Y es que es tal la velocidad a la que vivimos, y el sin fin de cosas por hacer, que olvidamos lo más importante, que es estar, ser, aquí y ahora, en este momento.
Así pues, a partir de ahora aparcaré por un tiempo, física y sobre todo mentalmente todos mis proyectos, mis tareas pendientes, mis “tengo que ir, tengo que hacer, tengo que….” y mis demás quehaceres, para vivir lo que ahora quiero y deseo vivir al 100% que es estar con mi corazón y con mi cabeza en esta bella etapa de crianza. De nuevo, gracias June!
miércoles, 26 de noviembre de 2008
El Síndrome Niágara

De un tiempo a esta parte, un término surge una y otra vez en mis pensamientos, en mis actos, en mis conversaciones… de manera insistente y recurrente, y lo hace en todos las parcelas importantes de mi vida: en los talleres que llevo a cabo con mis queridas chicas, en las sesiones de trabajo con mis clientes, en mi vida personal,…Todo lo que hago me lleva a la palabra DECISIÓN, y a la enorme repercusión que tiene en nuestras vidas las decisiones que tomamos de manera consciente o inconscientemente.
Un hermoso cuadro preside la entrada de mi despacho, es un regalo que me hice a mí misma cuando lo inauguré. En él aparece la imagen de un camino con árboles a ambos lados, y debajo de esta imagen está escrita la siguiente frase:
DECISIÓN: Mejor que seas tu quien decida tu futuro por que es ahí donde pasarás el resto de tu vida.
La verdad es que lo utilizo mucho a modo de inspiración para mis clientes y para mí misma, ya que lo veo y leo la frase cada día al iniciar mi jornada de trabajo.
La semana pasada viajé a Madrid, y en las prisas del último momento olvidé encima del escritorio el libro que tenía pensado leer durante el viaje, así que en el aeropuerto compré uno de los libros de Anthony Robbins, Controle su destino, y como no podía ser de otra manera el tema principal era… ¡LA DECISIÓN!
Sin duda leer a Robbins es siempre muy enriquecedor, en esta ocasión quiero compartir, lo que él denomina Síndrome Niágara para referirse al enorme precio que pagamos cuando en lugar de tomar nuestras decisiones de una manera consciente y comprometida, nos dejamos llevar por las circunstancias:
La vida es como un río, al que se salta en ocasiones sin haber decidido realmente dónde se quiere ir a parar. Por ello no tardamos en sentirnos arrastrados por la corriente, por los acontecimientos, los temores, los desafíos. Cuando se chapotea en el agua, no se decide conscientemente a dónde se quiere ir o cuál es la dirección correcta a tomar. Nos limitamos a “dejarnos llevar por la corriente”. Nos convertimos en parte de la masa de gente dirigida por las circunstancias, en lugar de por sus propios valores. Por último, nos sentimos fuera de control. Permanecemos en este estado inconsciente hasta que un buen día nos despierta el estruendo del agua, para descubrir que nos encontramos a pocos metros de las cataratas del Niágara, en un bote sin remos. Y en ese momento exclamamos: “¡Oh, mierda!” Pero para entonces ya es demasiado tarde. Nos caemos irremisiblemente por la catarata. A veces, se trata de una caída emocional. Otras veces es física. Otras, se trata de una caída financiera.
Anthony Robbins
Un hermoso cuadro preside la entrada de mi despacho, es un regalo que me hice a mí misma cuando lo inauguré. En él aparece la imagen de un camino con árboles a ambos lados, y debajo de esta imagen está escrita la siguiente frase:
DECISIÓN: Mejor que seas tu quien decida tu futuro por que es ahí donde pasarás el resto de tu vida.
La verdad es que lo utilizo mucho a modo de inspiración para mis clientes y para mí misma, ya que lo veo y leo la frase cada día al iniciar mi jornada de trabajo.
La semana pasada viajé a Madrid, y en las prisas del último momento olvidé encima del escritorio el libro que tenía pensado leer durante el viaje, así que en el aeropuerto compré uno de los libros de Anthony Robbins, Controle su destino, y como no podía ser de otra manera el tema principal era… ¡LA DECISIÓN!
Sin duda leer a Robbins es siempre muy enriquecedor, en esta ocasión quiero compartir, lo que él denomina Síndrome Niágara para referirse al enorme precio que pagamos cuando en lugar de tomar nuestras decisiones de una manera consciente y comprometida, nos dejamos llevar por las circunstancias:
La vida es como un río, al que se salta en ocasiones sin haber decidido realmente dónde se quiere ir a parar. Por ello no tardamos en sentirnos arrastrados por la corriente, por los acontecimientos, los temores, los desafíos. Cuando se chapotea en el agua, no se decide conscientemente a dónde se quiere ir o cuál es la dirección correcta a tomar. Nos limitamos a “dejarnos llevar por la corriente”. Nos convertimos en parte de la masa de gente dirigida por las circunstancias, en lugar de por sus propios valores. Por último, nos sentimos fuera de control. Permanecemos en este estado inconsciente hasta que un buen día nos despierta el estruendo del agua, para descubrir que nos encontramos a pocos metros de las cataratas del Niágara, en un bote sin remos. Y en ese momento exclamamos: “¡Oh, mierda!” Pero para entonces ya es demasiado tarde. Nos caemos irremisiblemente por la catarata. A veces, se trata de una caída emocional. Otras veces es física. Otras, se trata de una caída financiera.
Anthony Robbins
miércoles, 12 de noviembre de 2008
¿De verdad crees que podemos elegir?
Ayer se abrió un debate muy interesante en uno de los talleres sobre coaching para mujeres que imparto.
Era el primer día… nervios, presentaciones, introducción, muchas expectativas por parte de las participantes por saber y descubrir, al fin, qué iba a ser esto de nombre tan raro, como me dijo una de ellas.
Ávidas por saber, seguían atentas y muy interesadas, las explicaciones que yo ofrecía con el fin de hacer una breve introducción del tema.
Así iban apareciendo conceptos: toma de conciencia, autoconfianza, creencias limitadoras… Yo, muy atenta a sus respuestas no verbales, percibía que dichos conceptos iban calando bien en ellas, hasta que introduje otro de los elementos claves en el coaching, como es el “Principio de responsabilidad”, entendida como la capacidad que tenemos de elegir, de tomar decisiones sobre nuestras propias vidas, y cómo cada cosa que hacemos se debe a que lo hemos decidido, consciente o inconscientemente.
Este principio se contrapone a aquellas posturas deterministas que afirman que son las circunstancias externas las que nos condicionan, de tal manera que no hay nada que nosotros podamos hacer para cambiar, para dirigir nuestra vida.
Fue como abrir la caja de Pandora: el silencio reflexivo se interrumpió para dar paso a un aluvión de “perdona Maite, pero no estoy de acuerdo con…”. Muchas de las asistentes tomaron la palabra para exponer diferentes circunstancias y quehaceres cotidianos de sus vidas, hijos, maridos, trabajo…, renuncias que han tenido que hacer por no poder compatibilizar su vida personal con la profesional,… y un sin fin de obstáculos que percibían en sus realidades que según ellas chocaba frontalmente con la idea que yo tan “alegremente” había expuesto de “nuestra libertad de elección”.
Fue un debate francamente interesante que no hizo más que confirmar la presencia que, en mi opinión, está tan arraigada en nuestra cultura, formando parte de la maraña tan enorme de creencias que nos limitan, y que nos impide ser, hacer, vivir…tal y como queremos, de ese sentimiento de estar “atados de pies y manos” ante las circunstancias de nuestras vidas.
Entiendo que esta filosofía sea difícil de aceptar emocionalmente, y no pretendo negar la influencia que sobre nosotros ejercen la educación, las circunstancias y las personas que nos rodean, pero lo cierto es que si pensamos que nuestro día a día depende únicamente de estos factores “externos”, estaremos siempre a su merced, dejando nuestra felicidad o desdicha en sus manos, y lo que es peor aún, no tendremos el poder de cambiarlo. Así, estaremos contentos si mi jefe tiene hoy un buen día y hace un sol espléndido, y por el contrario nos hundiremos ante un “día de perros”, y si nuestro hijo adolescente ha vuelto a llegar tarde a casa, por ejemplo.
Cuando aceptamos nuestra responsabilidad en las elecciones diarias que realizamos, nos estamos dando la facultad para dejar las cosas tal y como están, o bien para cambiarlas y elegir.
Os dejo con la siguiente reflexión:
“Tu eres la suma de todas las decisiones que has tomado en tu vida hasta el día de hoy”
De no ser así, no serías la persona única y especial que ahora eres.
lunes, 3 de noviembre de 2008
TODO VIAJE DE MIL MILLAS EMPIEZA POR UN PRIMER PASO

Contemplo admirada todos los progresos que mi preciosa niña, que acaba de cumplir su primer año, ha realizado a lo largo de este maravilloso año. Es increíble, como se suele decir, parece que fue ayer!…
Su evolución, silenciosa y casi imperceptible para los que tenemos la enorme suerte de estar a su lado día a día, pero a la vez imparable, me hace reflexionar sobre un concepto fundamental que utilizamos mucho en coaching, que es parte esencial de la vida, como es el concepto de proceso.
Su evolución, silenciosa y casi imperceptible para los que tenemos la enorme suerte de estar a su lado día a día, pero a la vez imparable, me hace reflexionar sobre un concepto fundamental que utilizamos mucho en coaching, que es parte esencial de la vida, como es el concepto de proceso.
Proceso de crecimiento, proceso de aprendizaje, proceso de cambio, proceso de envejecimiento, proceso digestivo …en nuestro día a día utilizamos a menudo este concepto para referirnos a múltiples aspectos, sin embargo creo que en la vorágine de cosas por hacer en la que vivimos nuestros días, y en la necesidad de obtener resultados rápidos, no somos realmente conscientes de lo que la palabra proceso implica.
Mi hijita sí sabe lo que es un proceso, empezó abriendo sus ojos y a mantener su mirada mínimamente enfocada, mostró su primera sonrisa refleja, poco a poco logró controlar los músculos de su cuello para mantener su frágil cabecita, a medida que pasaba el tiempo nos sonreía con intención, una mañana, de pronto se despertó diciendo ge, gi, gu…haciéndonos llorar de emoción, empezó a controlar cada vez más su cuerpecito, jugaba a su manera, hacía sus ensayos diarios para mantenerse sentada hasta que dejó de caerse como un bolo, ya se sentaba sola!.
Un buen día, descubrió que había un enorme mundo por descubrir a su alrededor, y empezó a reptar hasta que consiguió gatear, hoy en día saca brillo a toda la madera de la casa. Día a día nos ha ido relatando todas sus experiencias en un idioma repleto de sonoridad y alegría, señalando con su pequeño índice todo lo que le llama la atención, y dando palmas cada vez que está contenta y oye música.
Ella tiene paciencia, no tiene prisa, sabe que todo viaje de mil millas empieza por un primer paso, que sólo puede dar un paso cada vez, y que en su viaje no caben los falsos atajos.
El mismo trabajo que ha realizado mi hija a lo largo de su primer año, y que seguirá realizando, para lograr y afianzar sus progresos evolutivos, hemos de realizar cuando queremos lograr un verdadero cambio, un objetivo, una meta.
De esta manera el coaching, es también un proceso natural de aprendizaje y desarrollo, un bello viaje de descubrimiento sobre uno mismo, con sus etapas propias y necesarias para lograr nuestros verdaderos objetivos.
Es así cómo el coaching hace sus efectos en las personas, de manera silenciosa, casi imperceptible para los demás, pero imparable, con firmeza, y seguridad.
domingo, 1 de junio de 2008
El Viaje continúa...mi visión del Coaching II
Mayo de 2007
Hoy se cumple el primer aniversario de mi primera toma de contacto con el Coaching, y como en todo aniversario que se precie, lo que toca es hacer una recapitulación y balance del camino recorrido y de los logros conseguidos, que no son pocos…
Releyendo las notas del cuaderno que utilizo para las sesiones que tengo con mi Coach-mentor, y de los e-mails intercambiados a lo largo de este tiempo, soy aún más consciente, si cabe, de los numerosos beneficios que el Coaching me ha aportado, no sólo a nivel personal, sino a nivel profesional.
En un artículo que escribí por aquel entonces decía: ” quiero ser Coach y dedicarme a esta profesión”… Pues bien, a punto de finalizar mi proceso de formación en Coaching, puedo decir que he logrado todos los objetivos que me marqué en aquel mes de Mayo de 2006: dispongo de un coqueto despacho, tengo mi, de momento, pequeña agenda de clientes, una tarjeta profesional y un tríptico informativo muy atractivos, …y muchos nuevos e ilusionantes proyectos en los que estoy embarcada.
Fruto de la claridad de ideas que he logrado acerca de lo que quiero y de lo que no quiero, de hacia dónde quiero ir, y de lo que realmente me motiva, se puede decir que ahora estoy en una nueva etapa dentro de mi proceso de crecimiento. Es como si me viera a mi misma ante una escalera; ahora estoy en el primer escalón con un pie que se dirige al segundo, pero hay muchos más… intuyo que tantos como yo quiera…
Esta nueva etapa en la que me encuentro es, quizá, algo más reflexiva que la anterior, que principalmente estaba enfocada a la acción, a la que, para mí misma, titulé la siembra. A esta la podría llamar Reflexiones profundas de una Coach.
En estos momentos me encuentro ante dos grandes retos: el primero es cómo mejorar día a día en mi labor profesional, siendo fiel a la esencia del Coaching respetando sus principios, y poder contribuir al 100% en el crecimiento de mis clientes, siendo su Coach, y solamente su Coach, sin caer en la tentación de convertirme en una asesora-consultora, que nada tiene que ver con la labor de un verdadero Coach.
Este hecho representa para mí un desafío importante, porque, si bien es cierto que el Coaching me fascinó hace un año, no es menos cierto que lo hace ahora aún con mayor intensidad que entonces, dado que he conocido la verdadera esencia del Coaching puro. En este sentido, comparto plenamente la visión de autores como Leonardo E. Ravier, quien denota en sus diversos artículos y en su libro “Arte y Ciencia del Coaching” su afán por identificar y defender la identidad del Coaching, diferenciándolo de otras disciplinas, herramientas, o profesiones.
Mi segundo gran reto, que en los últimos meses me tiene absorbida, es ser capaz de transmitir mi rotundo convencimiento de que el Coaching es muy beneficioso para las personas, y una gran oportunidad de autodesarrollo.
Sin embargo, descubro que muchas personas muestran gran resistencia a embarcarse en un proceso de Coaching. En este sentido, he podido comprobar que no soy la única que percibe estas reticencias, ya que en numerosos artículos que he leído, en charlas con otros Coaches, y en diversos foros en los que participo relacionados con el Coaching, aparece la misma cuestión: ¿qué podemos hacer los profesionales de este sector para promocionarlo, y para dar a conocer su verdadero valor?.
En mi opinión, la razón fundamental por la cual las personas se muestran reticentes en un primer momento a un proceso de Coaching es el miedo al cambio, es decir, miedo a salir de nuestra zona de confort, de modo que preferimos seguir en la inercia de no hacer nada, y esperar a ver qué pasa, pensando que nuestros deseos se harán realidad algún día como por arte de magia, o por el contrario asumiendo la postura más derrotista de “para qué hacer nada, si total no estoy tan mal….”.
En mi día a día, lamentablemente me encuentro con muchas actitudes de este tipo, actitudes que denotan una gran dificultad por asumir el control de nuestras propias vidas, es decir, responsabilizarnos de nuestra propia felicidad, y comprometernos con aquello que queremos lograr.
Recuerdo cuando mi Coach me preguntó: “¿Cuál es tu compromiso con tu objetivo de ser Coach?”. Yo estaba tan “verde” en estas cuestiones acerca del compromiso y la responsabilidad, que ni siquiera entendí la pregunta. “¿A qué te refieres?”, pregunté. Ella puntualizó: “¿Qué estás dispuesta a sacrificar para conseguir tu objetivo?”. No recuerdo qué respondí, pero sí recuerdo que pensé mucho sobre ello y me costó muchísimo contestar. Después ella añadió sabiamente: “Ahí está la clave para lograr tu objetivo o fracasar.”
Pienso que este extracto de conversación ilustra claramente ese vértigo que aparece en todos nosotros, no sólo ante lo nuevo y lo desconocido que todo cambio implica, aún por deseado que éste sea, sino ante la gran dificultad que tenemos de transformar nuestros deseos y expectativas en objetivos concretos, y comprometernos al 100% con ellos. El hecho de asumir este compromiso implica un esfuerzo a nivel personal importante, y en no pocas ocasiones, nos entran ganas de tirar la toalla ante la aparición en escena de algún gremlin (autosaboteador) caprichoso que quiere que nada cambie, que todo siga igual que siempre.
Como bien dice Juan Carlos Cubeiro en su magnífico libro “La sensación de fluidez”, “el cambio es una puerta que se abre desde dentro”, de manera que cada uno de nosotros ha de estar dispuesto a abrir su puerta, y permitir así que cosas nuevas o distintas entren en uno mismo.
La apertura de tus puertas interiores no es tarea fácil, pero el apoyo de un Coach que te brinde la oportunidad de abrir tu mente y tu alma, estoy segura de que lo conseguirás, y ya nada volverá a ser lo mismo…
Da la bienvenida al aire fresco de la felicidad que está a punto de entrar por tu ventana!.
Maite Villabeitia Urrutia
Coach
Psicóloga
mvillabeitia@hotmail.com
tel. 944014223 / 607355902
Mi visión del Coaching
Artículo publicado en el nº 7 de la revista Coaching magazine. Nov/Dic 2006
No hace mucho tiempo, me encontraba charlando con una persona sobre la insatisfacción que sentía por no haber podido lograr en todos estos años que han transcurrido desde que me licencié en Psicología, un desarrollo profesional acorde a mis expectativas. Fue esta persona la que me habló del “Coaching” por primera vez, diciéndome que supondría una buena salida profesional dada mi formación. En aquel momento no le di importancia a esta recomendación, ya que si bien no sabía definir qué era el coaching, por aquel entonces sólo venían dos palabras a mi cabeza: deporte y empresa, así que lo desterré totalmente por que eran dos mundos que poco tenían que ver conmigo.
Meses más tarde, llevada por mi continuo afán de encontrar algo que permitiese reciclarme, y así poder iniciar mi tan ansiado desarrollo profesional, recordé aquella conversación sentada delante de mi ordenador, y tecleé en mi adorado google la palabra “COACHING”.
Ante mi aparecieron frases como: “camino hacia el autodesarrollo”, “conseguir lo mejor de uno mismo para llevar una vida más satisfactoria”, “arte de mejorar la vida”, “liberar el potencial de las personas para incrementar su desempeño”, “aprender a gestionar los cambios”….Todo lo que iba leyendo me iba entusiasmando cada vez más y pensé: “¿quién no quiere esto para sí mismo?”. Todo el mundo en mayor o menor medida tiene algún sueño por cumplir, una meta que alcanzar.
Así mismo, me impresionó la enorme cantidad de campos en los que el coaching aporta sus beneficios: desde personas insatisfechas con algún aspecto de su vida ( trabajo, pareja, hijos, etc.), personas que desean apostar más fuerte y esperan algo más para sí mismas, jóvenes desorientados, personas que atraviesan crisis personales como divorcios, jubilaciones, situaciones de infelicidad no manifiesta pero real,…, aquellos que tienen que enfrentarse a situaciones difíciles, como entrevistas, exámenes, presentaciones en público,…., personas que se sienten estancadas en sus vidas, hasta directivos de empresas que desean mejorar el rendimiento de sus equipos…, en fin, el abanico es muy abierto.
Así fue cómo, tras una ardua labor de investigación, contacté con una coach. Gracias a ella estoy escribiendo este artículo. Nunca olvidaré aquel encuentro… me hizo sentir que el coaching era para mí, y aunque no fue una sesión de “coaching” como tal, salí con un propósito muy claro: inscribirme en el curso “Principios del coaching” (de Olacoach).
Fue todo un descubrimiento para mí, ya que hasta entonces había leído varios libros sobre coaching en los que explicaban las técnicas, herramientas y cualidades que un buen coach debe poseer, pero algo me faltaba. No llegaba a entender completamente cómo se producían esos cambios en las personas que describían los textos que llegaron a mis manos, cómo sus sueños se hacían realidad, y cómo lograban alcanzar metas que en un principio resultaban inalcanzables.
Yo soy bastante escéptica para muchas cosas, y he de confesar que por momentos me parecía “humo” todo lo que leía.
Así fue como en el transcurso del curso varios conceptos me dieron la clave. No fueron grandes revelaciones, sino mensajes llenos de grandes dosis de sentido común, como que en lugar de centrarnos en el problema, técnica habitual en los procesos de Psicoterapia que yo conocía, en el coaching se lleva a cabo un encuadre enfocado a los resultados, donde lo importante son las acciones que llevamos a cabo para conseguir lo que queremos.
De esta manera, se destaca la diferencia entre hablar de expectativas (“me gustaría que”…, “espero…”, “deseo…”), y hablar de objetivos (“quiero…”, “puedo…”, “voy a…”), buscando en todo momento priorizar éstos sobre aquellas. Esta es la clave para pasar de un deseo, que no es más que algo que está en nuestra mente, pero cuyo logro es una responsabilidad que no nos atribuimos de manera plena, frente a realizar acciones concretas y plantearlo en términos de “Yo quiero…y lo voy a hacer…”, para lo que me comprometo con la ayuda de un coach.
Después tuvo lugar mi segundo encuentro con mi coach, lo que representó mi primera “sesión de coaching”. Descubrí que tan pronto sentía impotencia, al no lograr encontrar dentro de mí la respuesta “adecuada” ante las preguntas que la coach me planteaba, como desorientación, al no estar acostumbrada a esa situación en la que se pedía tanto de mí. O de pronto sentía un enorme entusiasmo y una gran ilusión al comprobar cómo yo era la protagonista absoluta de mi aventura.
Me llamó poderosamente la atención la confianza que mi coach tuvo en mis habilidades para comenzar a trabajar desde el primer momento, y tengo la profunda convicción de que es esa confianza la que me permite avanzar, ya que pienso: “si esta persona confía plenamente en mis capacidades, ¡será por tanto que las tengo!”. Es de esta manera cómo percibo que mi autoconfianza es cada día un poquito más grande. Es la que me anima a avanzar, y la que me permitirá impregnarme de la filosofía del coaching, incorporándola en todos los ámbitos de mi vida.
Si alguien me preguntara qué es para mi el coaching, le respondería que es una filosofía y una actitud ante la vida, donde prima la “acción” frente al “deseo”, donde primero tienes que cambiar tu esquema mental, salir de tu “zona de confort” como dicen los formadores de Olacoach, para colocarte en un lugar nuevo que te permita aprender. Este resulta en principio un lugar un poco incómodo, ya que no estamos acostumbrados a manejarnos en un nivel en el que todo depende de ti, no hay nada que sea correcto o incorrecto, mas que aquello que lo sea para ti. El coach no aparece como un experto que te va a decir lo que tienes que hacer, ni va a opinar sobre tus acciones aunque a veces lo desearías con toda tu alma, sino que mediante sus “preguntas poderosas” exprimes al máximo tu cerebro para encontrar dentro de ti la respuesta. Es algo que requiere bastante esfuerzo por parte de cada uno, por lo que es fundamental dejar atrás las conductas pasivas, y en su lugar adoptar una actitud proactiva. Pero sobre todo y como punto de partida fundamental, querer hacerlo.
En definitiva, vivo el coaching como una oportunidad de desarrollo tanto personal como profesional. Actualmente compagino mi formación en coaching, a través del programa Avanzado de Formación de Coach de Olacoach que tendrá lugar en Octubre, con sesiones personales de coaching.
Para mí estas sesiones son como un faro que me va guiando en este proyecto en el que me he embarcado, y en el que tengo definida mi meta. Quiero ser coach y dedicarme a esta profesión. He abierto al máximo mi mente y mi corazón para sacar lo mejor de mí, y poder así atravesar este bello camino. Ahora sólo tengo que dar los pasos que me vaya marcando para conseguir mi propósito. Yo estoy dispuesta a recorrer este camino,… ¿y tú?
Maite Villabeitia Urrutia
mvillabeitia@hotmail.com
tel.607355902
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