“El lado bueno de las cosas” es el título de la película que decidí ver en el viaje de regreso a casa desde Washington. Ya he hablado en otras entradas de mi particular método de elección de las películas que veo, o de los libros que leo, que consiste simplemente en dejarme llevar por su título, portada y otras cosas por el estilo.
Había una lista interminable de películas, pero ese título debió de parecerme el más adecuado dadas mis circunstancias. Y es que me encontraba sentada en el asiento de una avión que me llevaba de vuelta a casa después de un largo viaje en el que visitamos el “NIH”, un centro médico de investigación, concretamente el departamento de enfermedades sin diagnosticar. Washington D.C., con el objetivo de averiguar la causa de que mi pequeña June no se desarrolle con “normalidad”.
El objetivo de estas líneas no es hablar de June en particular, sino de todo lo que que, a través de ella y su dificultad, estoy aprendiendo, como es el poder apreciar el lado bueno de las cosas tal como reza el título. Pero para situar a los que aún no la conocéis, deciros que June es una preciosísima niña de 4 años que desprende amor y felicidad por cada poro de su piel, que adora a Libe, su hermanita mayor, que se vuelve loca con los animales y lo da todo cuando alguien le canta una canción o le cuenta un cuento, que roba el corazón a todo aquel que la conoce…. ( mi descripción daría para más, pero me desviaría del propósito de este post) y que, en términos médicos, presenta un retraso psicomotor de causa desconocida.
En este centro hemos convivido con familias venidas de todas partes del mundo, cada una de ellas con su mochila particular, y pese a que alguna de aquellas cargas podría parecer quizá, demasiado pesada o más incómoda de llevar, se respiraba un ambiente agradable, de sonrisas, de delicadeza, buen trato, e incluso de risas.
A los protagonistas de El lado bueno de las cosas, su colapso emocional, enfermedad mental, trastorno bipolar, o cualquiera que sea la etiqueta médica que se les coloque, hace que inicien un camino de búsqueda de sí mismos y además, logran encontrar el amor verdadero.
Y es que, cuando la vida te ofrece su cara más amarga, te colocas necesariamente en una posición diferente. Comienzas a relativizar, aprendes a dar importancia a lo que realmente tiene importancia, vives el presente, y te das cuenta de que, aunque a veces nos cueste verlo, todo tiene su lado bueno, siempre hay algo positivo con lo que quedarse.
Yo suelo decir que vuelves a ser como un niño, en el buen sentido del término, porque un niño, en definitiva, lo que hace es eso todo el tiempo y sin esforzarse.
lunes, 15 de abril de 2013
viernes, 1 de marzo de 2013
Qué raro!
Esta semana se ha celebrado el día internacional de las enfermedades raras, eligieron un día raro para su conmemoración, el 29 de Febrero. Me parece genial que hayan elegido esa fecha por que aunque es rara, existe, y cada cuatro años tenemos un 29 de Febrero en el calendario. De igual modo que aunque, raras o poco frecuentes, existen las denominadas enfermedades raras.
Hace tres años me dijeron que mi preciosa hijita June tenía una enfermedad rara, acaba de cumplir 4 y aún no sabemos cuál es, y todo apunta a que no lo sepamos, al menos a corto plazo. Pero no es mi intención ahondar en el impacto que nos causó todo aquello y el enorme trabajo personal que conlleva afrontar todo ese dolor.
Mi intención es detenerme por unos instantes en el concepto de “raro” y es que desde hace tres años voy descubriendo unas veces perpleja, otras contrariada, y otras tantas esbozando una sonrisa, que muchas cosas en mi vida pueden ser denominadas “raras”.
Os contaré tan sólo alguna de ellas:
Nací un 5 de Enero, no sé si es rara la fecha pero es cierto que es algo especial.
Mi padre se llamaba Tiburcio y mi madre se llama Delfina. No me diréis que no son raros los nombrecitos… recuerdo que de niña lo pasaba realmente mal cada vez que me preguntaban por sus nombres.
Cuando era pequeña mis padres se compraron un coche raro de narices! Un Ford fiesta de 2 colores. Era el único de 2 colores que había por la zona.
Soy coach personal, es cierto que cada vez se conoce más, pero hace 6 años cuando comencé en esto del coaching, me suponía un esfuerzo considerable explicar a qué me dedicaba.
Hace 13 años nos regalaron un perro precioso, a mi hermano no se le ocurrió otro nombre mejor que llamarle Pepinillo. El año pasado murió, 12 años más tarde de lo que se suponía, una vez el veterinaro nos dijo que tenía una enfermedad rara y que no duraría mucho. Qué grande mi Pepi!
Mi pareja y yo nos hemos separado, eso no es nada raro, pero si es raro o poco frecuente el tipo de relación que tenemos. A muchas personas les cuesta creer que estemos separados por la relación de amistad, respeto y cariño que mantenemos.
Y como colofón a todo lo raro que hay en mi vida, ahí está mi princesita June.
Una niña, sin duda, especial y maravillosa que me está llevando de su mano para que aprenda a vivir en paz y armonía con lo es imposible cambiar, y a apreciar la belleza, la inocencia, la alegría, y tantas y tantas cosas que hay dentro de lo “raro”.
miércoles, 30 de enero de 2013
Mis Amarillos Especiales
Amarillo: Dícese de aquella persona que es especial en tu vida. Los amarillos se encuentran entre los amigos y los amores. No es necesario verlos a menudo o mantener contacto con ellos. La forma de relacionarse con ellos es el cariño, la caricia y el abrazo. Consigue privilegios que antes estaban en posesión sólo de la pareja.
El Mundo Amarillo. Albert Espinosa
El Mundo Amarillo. Albert Espinosa
Me gusta dejarme llevar por mi intuición a la hora de tomar ciertas decisiones banales - y otras no tan banales - que la vida me presenta. Para mí, la intuición supone una vía directa para conectar con lo auténtico y genuino que hay en nosotros.
Una de estas situaciones en las que me dejo fluir hasta que la vocecita apenas perceptible de la intuición ejerce su protagonismo se da, cuando quiero elegir el próximo libro que leeré, o la película que iré a ver. Es entonces cuando dejo aparcado mi pensamiento (lógico racional) y que sea ella la que decida.. Me encanta hacerlo, disfruto enormemente cuando me concedo ese permiso.
Solamente me fijo en el título y en la portada o en el cartel anunciador, cuando se trata de una película, y me dejo llevar. No diré que siempre, pero la inmensa mayoría de las ocasiones mi intuición da en el blanco y hace verdaderos descubrimientos para mi deleite.
Así fue como el otro día cayó en mis manos El Mundo Amarillo de Albert Espinosa. No me puede resistir a su título y a su subtítulo maravilloso: si crees en los sueños, ellos se crearán. Es cierto que las frases, citas y otro tipo de recursos literarios, allanan el camino a mi intuición, así como tampoco pude pasar por alto el intenso color amarillo de la portada.
En el Mundo Amarillo el autor nos presenta a los amarillos como al nuevo escalafón de la amistad, esas personas que no son amantes ni amigos, esa gente que se cruza en tu vida y que con una sola conversación puede llegar a cambiártela. Además el libro es toda una invitación para que cada uno de nosotros encuentre a sus amarillos.
Antes de conocer el concepto de “amarillos”, aunque con matices diferentes, yo denominaba esta figura como “enanitos”. Escribí sobre ellos en una entrada antigua de este blog http://www.coachingymas.blogspot.com.es/2010/12/una-de-enanitos_17.html
Desde que escribí aquel post, no diré que he abandonado mi búsqueda de enanitos, pero es cierto que no la he tenido tan presente en mi día a día. Y lo que sucede cuando no tenemos presentes las cosas, es que no nos damos cuenta de nada de lo que nos pasa. Sin embargo cuando “estas conectado” con algo, en este caso con la búsqueda de amarillos, te das cuenta de que en cualquier lugar y cualquier situación pueden aparecer.
La semana pasada sin ir más lejos conocí a un amarillo, amarilla, en este caso. Era un día de esos a los que llamamos “de perros”. Frío intenso, viento, lluvia, granizo...como para no salir de casa, y yo haciendo gestiones administrativas de una punta a otra de Bilbao. Las rachas de viento eran tan fuertes que mi paraguas no pudo más y se rompió. Empapada hasta los huesos, y muerta de frío, decidí tomarme un café supercaliente, y así fue como entré decidida en una cafetería, pedí mi café con leche muy caliente y cuando fui a pagarlo, me dí cuenta de que no llevaba cartera, no tenía dinero! ya sé que un café no va ninguna parte, pero desde que era niña he temido esa escena: Llega el momento de pagar y te das cuenta de que no tienes dinero buff….Un poco abochornada le conté a la camarera que me atendía lo que me pasaba, y ella me contestó: tranquila, tómate el café y entra en calor, no quieres un pintxo de tortilla??? En ese momento sentí que era la persona a la que más quería del planeta! Y aunque no cambió mi vida como dice Albert Espinosa, convirtió una mañana bastante desagradable en una grata experiencia.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Amar lo que es
“Amar lo que es” (Byron Katie) es el título del último libro que acabo de devorar. Cuando lo vi en la librería, pensé: “qué extraño que en ninguna otra ocasión me haya fijado en este libro, ¡con la pinta que tiene de gustarme!”. Seguramente antes de ese día podría haberlo visto, y podría incluso haber ojeado su contenido, ya que la primera edición es del 2002. Pero probablemente no había llegado mi momento para apreciar lo que dicho título trascendía.
Soy consciente de que desde hace algún tiempo un único tema ronda en mi cabeza todo el tiempo, y no es otro que el de aceptar la realidad tal cual es. Esto se refleja en todos mis ámbitos: en las sesiones de trabajo, en mis conversaciones con amigos y familiares, en los posts que escribo, en los libros que leo…
Cierto es que estoy en plan monotema, y cierto es también que yo siempre hablo desde mi experiencia, desde mis vivencias, desde lo que he constatado que funciona y lo que no. Y tengo la absoluta certeza de que esa pequeña y simple frase: “Amar lo que es”, es el trampolín que nos impulsa a reconciliarnos con nosotros mismos y con la vida y, por consiguiente, a tener esa percepción subjetiva de felicidad.
Ya desde que era una entusiasta estudiante de psicología sabía que no bastaba con sólo estudiar mucho, ni con leer cuantos libros pasasen por mis manos, ni tan siquiera con hacer el mejor master del mercado. Sabía que para llegar a ser un buen terapeuta de la corriente que fuera, era necesario pasar por tu propio proceso personal.
El hecho de haber experimentado en mis propias carnes lo que supone desnudarse (no en sentido literal, claro está) ante otro, ahondando en lo más profundo de tu ser, indagando en tus contradicciones, mirando de frente a tus miedos sin huir, poniendo un poco de luz en aquellas zonas que están algo oscuras y, finalmente, aceptando que lo que es, es. Así es como ahora puedo ser yo la que se sienta frente a ese otro agudizando todos mis sentidos y poniéndome en sus zapatos para aportar algo de luz en su camino, teniendo siempre presente que hasta que esa persona que me brinda el honor de acompañarla en su camino no acepte su realidad sin querer hacer retoque alguno, nada realmente valioso conseguirá.
En algún otro post ya he hablado de mi hijita pequeña June, y de cómo sus 3 años de vida, me han servido para realizar el mayor aprendizaje que he hecho hasta ahora, que no es otro que aceptar que lo que es, es, y amarlo tal cual.
June es una preciosa niña con unos enormes ojos azules que se comen el mundo, que desprende amor por cada poro de su piel y que, entre otras cosas, se ha propuesto despistar a toda la comunidad médica y científica de parte de Europa y de Estados Unidos. Nadie hasta ahora ha logrado descifrar el enigma de por qué June no se desarrolla como lo hacen casi todos los niños del planeta. Digamos que ella tiene otro patrón, un ritmo más lento, diferente…
No penséis que yo siempre he podido hablar de June con esta naturalidad. Al principio, como toda situación difícil, negaba esta realidad, no quería, o más bien no podía, ver que mi preciosa niñita tuviera dificultades. Después la comparaba con lo que hacía su hermana, con lo que hacían otros niños en el parque, con lo que hacían los hijos de mis amigas, y pensaba: “¿Y por qué June no?”. Y lo más doloroso de todo era un interrogante que rondaba continuamente en mi cabeza: “¿Y por qué a mi?... ¿Por qué a June?”
Enorme sufrimiento el de aquella época de mi vida, y no por el hecho en sí. A June se la veía feliz!. Siempre ha transmitido una enorme paz y amor. Era yo la que no podía aceptar a mi hija y amarla tal cual era. En aras a reparar aquello defectuoso que había en ella, intentamos de todo, desde la medicina tradicional, hasta las más extrañas y alternativas corrientes de medicina natural. Obviamente nada funcionó. June seguía obstinada en crecer y evolucionar a su ritmo…
Muchos acostumbran a decir que el tiempo hace su trabajo y lo cura todo, y que al final uno se resigna. Sin embargo, yo no estoy nada de acuerdo con esta postura. El tiempo por si sólo no hace nada. Es más, incluso puede enquistar las heridas. Es necesario acompañar al tiempo con algo más. De lo contrario, surge la resignación y el sin sabor que muchas veces experimentamos en las vidas que llevamos.
Creo que todo tiene un proceso y que a la negación, y al victimismo iniciales, ha de seguir la tristeza. Es sano y necesario permitirnos estar tristes y reconocer que tenemos miedo, pero que a pesar de ese miedo ni huimos, ni lo evitamos buscando distracciones, o las tan conocidas vías de escape. Esa es, sin duda, la vía que abre las puertas de la aceptación, la cual a su vez nos pone ante la posibilidad de que algo cambie.
Hoy puedo decir que no sólo acepto a June tal y como es, sino que además la admiro!. Admiro su tesón, su capacidad de esfuerzo, su saber esperar, su belleza, su curiosidad recién descubierta, su manera de disfrutar intensamente de las cosas que la vida le ofrece…
Y curiosamente desde que este cambio se ha producido en mi, mi pequeña parece que ha pisado el acelerador de sus aprendizajes… ¿Tendrá algo que ver mi cambio de actitud?.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Un Paquete Urgente
Desde su creación he considerado a este blog como una parte de mí. Cada post habla sobre mis vivencias y sobre todo aquello que me hace reflexionar en mi transitar por la vida.
En no pocas ocasiones, una incómoda sensación de desnudez frena mis deseos de ponerme a teclear en mi portátil al considerar “demasiado personal” el tema que en esos momentos lucha por que le brinde un espacio en el “nuevo documento de Word”.
Esta vez no haré caso de esa parte mía excesivamente racional y prudente, y soportaré esa sensación de desnudez que me produce.
He de confesar que poseo una especie de radar detector de la sensación de felicidad que las personas perciben sobre sí mismas y sobre sus vidas. Lo activo sin darme cuenta, y demasiado a menudo compruebo que las personas no son felices , o al menos no tanto como podrían serlo teniendo aparentemente todos los medios a su alcance.
Cierto es que son muchos los factores que influyen en nuestra valoración acerca de si en general somos felices o no. Algunos dependen de nosotros, como la actitud que adoptemos ante aquello que nos acontece. Y otros quizá no tanto.
Sin embargo, recordando a todas las personas a las que he tenido la enorme suerte de acompañar en sus procesos personales, a mis amistades, familiares, y sobre todo a mi misma, pienso que lo que más nos separa de la felicidad es la enorme brecha que se establece entre aquello en lo que nos hemos convertido con el paso del tiempo, y lo que sentimos que somos realmente, y con esto me refiero a todo aquello que considerábamos importante cuando éramos algo más jóvenes e inocentes, lo que nos hacía vibrar, emocionarnos, sentir, movernos, en definitiva, lo que queríamos para nuestra vida….
De un tiempo a esta parte yo misma contemplaba como esa brecha cada vez se iba haciendo más grande y evidente en mi vida, y en la del que hasta ahora ha sido mi compañero de viaje. Ahora nos encontramos en pleno proceso de separación, buscando cada uno de nosotros cierta coherencia con aquello que somos realmente.
Y al igual que me ha sucedido muchas otras veces , algo en forma de vídeo llega a mi “por casualidad” a través del blog de Iciar Piera, que refleja con bastante exactitud la esencia de este post.
Espero que os emocione tanto como a mi.
martes, 21 de agosto de 2012
Nadie dijo que la vida fuera fácil….
"¿Quién me habrá mandado a mi meterme en este lío?".... era la pregunta
que lanzó al aire con cierta dosis de cabreo una de las personas valientes que
deciden sentarse frente a mi para reflexionar, para cuestionarse alguna que
otra idea que sin darse cuenta han elevado a la categoría de verdad absoluta,
para abrir cada día un poco más sus mentes, para aceptar, para aceptarse… - "Con
lo bien que vive la mayor parte de la gente que no se plantea nada" – añadió.
No es
la primera vez que escucho este tipo comentarios. Yo misma me he descubierto
muchas veces invadida por estas sensaciones, y es
que cuando uno decide ponerse en marcha y comenzar a trabajar en sí mismo, suele
asaltarnos esa falsa idea de que es mejor andar por la vida dormidos, anestesiados o incluso ciegos.
Y es que para llevar una vida con sentido y coherente con lo que cada uno es, y con lo
que cada uno siente y valora, hace falta coraje para mirar en nuestro interior
y vernos tal cual somos sin máscaras, sin artificios.
También es necesaria cierta exigencia respecto a lo que queremos para
nosotros mismos y para nuestras vidas , huyendo del conformismo, así como ser
consecuentes con aquello que somos y queremos.
En este sentido, muchas veces suelo apelar a la célebre frase “Nadie dijo que la vida fuera fácil, solo prometieron que valdría la
pena vivirla”, a lo que yo añado “vivirla con sentido para uno mismo”.
jueves, 19 de abril de 2012
En Holanda hay tulipanes
Emily Pearl, guionista del programa Barrio Sésamo y madre de un niño con Síndrome de Dowm, ha escrito el siguiente cuento:
“Me piden a menudo que describa la experiencia de criar y educar a un niño con una deficiencia. Para ayudar a la gente que no ha tenido esta experiencia tan especial a comprenderlo y a imaginarse como es, es algo así….
Cuando estás esperando un niño, es como planificar un maravilloso viaje de vacaciones a Italia. Te compras un montón de guías de viaje y haces planes maravillosos: el Coliseo, el David de Miguel Angel, las góndolas de Venecia… Incluso aprendes algunas frases útiles en italiano. Todo es muy emocionante.
Después de meses esperando con ilusión, llega por fin el día. Haces tus maletas y sales de viaje. Algunas horas más tarde, el avión aterriza. La azafata viene y te dice “Bienvenido a Holanda” ¿Holanda? dices. ¿Qué quiere Vd. decir con Holanda? ¡Yo contraté un viaje a Italia! ¡Tendría que estar en Italia! ¡Toda mi vida he soñado con ir a Italia!
Pero ha habido un cambio en el plan de viaje. Han aterrizado en Holanda y tienes que quedarte allí. Lo más importante es que no te han llevado a un sitio horrible, asqueroso, lleno de malos olores, hambre y enfermedades. Simplemente, es un sitio diferente.
Por lo tanto, tienes que salir y comprarte nuevas guías de viaje. Y debes aprender un idioma completamente nuevo. Y conocerás a gente totalmente nueva, que no hubieras conocido nunca. Es simplemente un lugar distinto. Es más tranquilo que Italia, menos excitante que Italia. Pero después de haber pasado un cierto tiempo allí y de recobrar tu aliento, miras a tu alrededor y empiezas a darte cuenta de que Holanda tiene molinos de viento, Holanda tiene tulipanes. Holanda tiene incluso Rembrandts.
Al mismo tiempo, toda la gente que conoces a tu alrededor está muy ocupada yendo y viniendo de Italia, y están todos presumiendo de lo bien que se lo han pasado allí. Y durante el resto de tu vida, te dirás a ti mismo: “Sí, allí es donde yo debería haber ido. Eso es lo que había planeado” Y el dolor nunca, nunca desaparecerá del todo, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy significativa.
Pero si te pasas la vida lamentándote por el hecho de no haber podido visitar Italia, es posible que nunca te sientas lo suficientemente libre como para disfrutar de las cosas tan especiales y tan encantadoras que tiene Holanda.”
Emily Pearl Kingsley
Como tantas otras cosas importantes que han acontecido en mi vida, este cuento ha llegado a mi de manera “casual” sin buscarlo - los que hayáis leído otras entradas mías ya sabéis lo que pienso de las casualidades-, y su lectura ha calado profundamente en mi. He sentido que en esas líneas estaba yo, y por eso quiero compartirlo aquí.
Mi preciosa hija pequeña, June, me ha llevado a Holanda de golpe y porrazo, nunca me hubiera imaginado vivir ahí, y aunque aún me estoy aclimatando a este lugar desconocido y no planeado, siento que mis ojos, mi mente y mi corazón se están poco a poco abriendo a lo hermoso y lo diferente de este lugar.
Si bien el objetivo de la autora de este cuento es explicar lo que se siente cuando tienes un hijo con dificultades, he querido incluirlo en este blog, por que pienso que es aplicable a muchas de esas situaciones no planificadas que la vida tiene el gusto de servirnos en bandeja de plata, donde la ACEPTACIÓN es el camino que nos lleva a poder apreciar y valorar lo positivo que toda situación tiene.
PD: Gracias pequeña June por ayudarme a recordar que desde que era niña los tulipanes han sido mis flores preferidas!!!.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




